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sábado, 14 de septiembre de 2024

El zorro mutilado


Un hombre que paseaba por un bosque vio un zorro 
que había perdido una de sus patas, 
por lo que el hombre se preguntaba cómo podía sobrevivir,
entonces vio venir un tigre que traía una presa en su boca.
El tigre ya se había artado de comer y dejó el resto para el zorro.
Al día siguiente Dios volvió a alimentar al zorro 
por medio del mismo tigre.
El hombre comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios 
y se dijo a sí mismo:


- "voy a quedarme yo también en un rincón,
confiando plenamente en el Señor y éste me dará lo necesario".
Así lo hizo durante días pero no sucedía nada
y el pobre hombre estaba ya muy debilitado cuando escuchó una Voz que le decía:
- "¡Oh tú, que te hayas en la senda del error, abre tus ojos a la Verdad!
sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre zorro mutilado"

domingo, 23 de febrero de 2014

Montaña sagrada


Habían oído que en su propio país se encontraba la Montaña Sagrada, pero nunca la habían visto.
Mirar hacia arriba no les agradaba, les era más cómodo mirar hacia abajo, por eso nunca la descubrieron.
Ella se alzaba poderosa hacia el cielo, esperando pacientemente a que las gentes descubrieran su belleza y su poder.
En un lugar del país había un enorme lago de aguas cristalinas, la montaña quedaba reflejada en él y muchos acudían al lugar para ver su reflejo; algunos, incluso, saltaban al agua y desgraciadamente se ahogaban, otros se convencieron de que en realidad no existía.
Un buen día, en medio de tanta confusión, un hombre cayó al suelo y casi muere pisoteado.
Tumbado boca arriba, él miró hacia el cielo y allí la vio, majestuosa e imponente. Trató por todos los medios de convencer a los demás de que la había visto, pero nadie le creyó, así que decidió buscarla por su cuenta.
Fue un viaje duro, pues el camino era empinado y muy peligroso, se desorientaba con facilidad, pero la visión de la montaña le animaba a seguir adelante a pesar de las dificultades.
A medida que avanzaba se iba encontrando con enfermos y discapacitados, o bien con personas que llevaban pesadas cargas a sus espaldas.
Fue entonces cuando comprendió que sólo aquellos que se habían caído al suelo por enfermedad, o por cansancio, habían logrado ver la Montaña Sagrada.
En definitiva, comprendió que sólo las personas perfectamente conscientes del significado de la palabra "abajo", eran capaces de levantar la mirada al cielo y contemplar la vida.

viernes, 12 de marzo de 2010

Seré como tu

 Cuando mi hijo llegó a este mundo yo tenía mucho que hacer, tenía tantos  compromisos..., tenía que viajar, tenía que trabajar.
 Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba.
 Comenzó a hablar cuando yo no estaba.
¡ Cómo crece mi hijo de rápido !, ¡ cómo pasa el tiempo !.                                       

A medida que crecía me decía:
 - Papá, algún día seré como tu.
 - ¿ Cuando regresas a casa, papá ?.
 - No lo sé, hijo. Cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás.          
Mi hijo cumplió diez años hace poco y me dijo: 
- Gracias por la pelota, papá. Quieres jugar conmigo?
- Hoy no, hijo, tengo mucho que hacer. Mañana.
- Está bien, papá, mañana.
Y se fue sonriendo; y como siempre en sus labios las palabras:
"  Yo quiero ser como tu ".
Mi hijo regresó el otro día de la universidad, todo un hombre.
- Hijo, estoy orgulloso de ti. Siéntate y hablaremos un poco.
- Hoy no, papá, tengo compromisos; por favor préstame el coche, tengo que visitar a unos amigos.
Ya me he jubilado y mi hijo vive en otro lugar. Hoy le llamé.
- Hola, hijo, me gustaría verte.
- Me encantaría, padre, pero es que no tengo tiempo; ya sabes, el trabajo, los compromisos. Pero gracias por llamar, fue hermoso escuchar tu voz.
Al colgar el teléfono me dí cuenta de que mi hijo era verdaderamente igual que yo.