En un tipi de una de las tribus de norte América acababa de nacer una niña, la llamaron Idu y grabaron su nombre en un colgante de cuero.
El padre cogió a la niña, se dirigió hacia un prado lejano y allí la abandonó.
La niña no paraba de llorar y al cabo de un tiempo llegó una vaca blanca que la acogió.

Con su leche, la vaca alimentó a la niña durante mucho tiempo, cuando Idu tuvo 5 años, la vaca acompañó a la niña hasta el poblado.
Idu llegó al poblado y se encontró con una mujer que la miró con ternura, y cuando vio el colgante que llevaba al cuello la estrechó fuerte entre sus brazos.
Era su Idu!!. Eran madre e hija!!.
La madre de Idu, con los ahorros que tenía, compró la vaca blanca que la había cuidado y desde entonces vivieron sin sobresaltos y no se separaron nunca.
Que este relato, medio real, medio ficticio no se dé nunca,
ni por necesidad, ni por dejadez de unos padres sin corazón.













CONMIGO LO HICÍSTEIS













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