jueves, 30 de junio de 2011
Perla 56
sábado, 25 de junio de 2011
Los monjes
Caminaban dos monjes a lo largo del bosque, hasta que llegaron al río, sus aguas bajaban turbulentas, crecidas a causa de unas torrenciales lluvias, y aunque había llegado ya la calma, el puente que antes unía sus orillas estaba roto.
En esa situación, sin atreverse a cruzarle se encontraba una joven doncella, que se dirigía al pueblo cercano.
El monje más joven la miró y siguiendo su camino se dispuso a cruzar el río.
El segundo monje, más anciano, la miró compasivo, tomó a la joven entre sus brazos, se introdujo en el río y lo atravesó, empezando con pasos vacilantes.
En medio de la travesía, donde las aguas eran más caudalosas, la joven tuvo que rodear con sus brazos al monje por el cuello para no ser arrastrada por la corriente.
Al llegar a la orilla dejó a la joven en el suelo, ella le dedicó una sonrisa de agradecimiento al moje y se alejó presurosa hacia su destino.
Siguieron los dos monjes su camino, y después de un largo silencio, y sin poder contenerse por más tiempo, el monje más joven increpó a su compañero:
- Creo que has hecho muy mal en llevar en brazos a aquella doncella, eso es contrario a nuestras costumbres y a nuestras tradiciones. No debiste hacerlo.
El otro monje serenamente contestó:
- ¿Cómo?, ¿tú todavía llevas a cuestas a aquella joven?, yo ya la dejé allí, en la orilla del río.
lunes, 20 de junio de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
La raíz
Si para conseguir lo conseguido
si para estar ahora enamorado
puedo antes haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado,
porque después de todo
he comprendido
que no se goza bien de lo gozado,
sino después de haberlo padecido,
porque después de todo
he comprendido
que lo que tiene el árbol de florido viene de lo que tiene sepultado.
viernes, 10 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
hasta mañana
Después de cenar la pareja se quedó un rato viendo la televisión, pasado un tiempo la esposa comentó:
- Estoy cansada, cariño, me voy a dormir.
Fue a la cocina y preparó unos bocadillos para la cartera de los niños.
Lavó los platos donde había servido leche con galletas.
Sacó del congelador la carne para la comida del día siguiente.
Revisó que hubiera cereales para el desayuno, llenó el azucarero y preparó la cafetera.
Cosió un botón a una camisa y la planchó.
Guardó unos juegos que estaban sobre la mesa y puso la agenda en su sitio.
Regó las plantas del balcón y colgó unas toallas en el tendedero.
Bostezó y se desperezó y se fue para su cuarto, pero antes hizo la lista de las compras para el día siguiente y colocó dinero en el monedero para ellas.
Colocó un cuaderno que estaba debajo de la silla.
Y justo en ese momento escuchó la voz de su marido desde la sala que le decía:
- Pensé que te habías ido a dormir.
- A eso voy, contestó ella.
Le puso agua al perro y llamó al gato para que entrase en la casa.
Comprobó que las puertas estaban cerradas, entró en la habitación de cada uno de los niños, les apagó la luz y habló un poco con el hijo mayor que aun estaba estudiando.
Colgó una chaqueta y puso unas medias en la cesta de la ropa sucia.
Ya en el cuarto puso el despertador y preparó la ropa para el día siguiente,
después se lavó los dientes, se puso la crema y se quitó los pendientes.
En ese momento su marido apagó la tele se presentó en la habitación y dijo :
- Me voy a dormir.
Y así lo hizo sin ningún obstáculo.
¿Te suena conocido?....
- Estoy cansada, cariño, me voy a dormir.
Fue a la cocina y preparó unos bocadillos para la cartera de los niños.
Lavó los platos donde había servido leche con galletas.
Sacó del congelador la carne para la comida del día siguiente.
Cosió un botón a una camisa y la planchó.
Guardó unos juegos que estaban sobre la mesa y puso la agenda en su sitio.
Regó las plantas del balcón y colgó unas toallas en el tendedero.
Bostezó y se desperezó y se fue para su cuarto, pero antes hizo la lista de las compras para el día siguiente y colocó dinero en el monedero para ellas.
Colocó un cuaderno que estaba debajo de la silla.
Y justo en ese momento escuchó la voz de su marido desde la sala que le decía:
- Pensé que te habías ido a dormir.
- A eso voy, contestó ella.
Le puso agua al perro y llamó al gato para que entrase en la casa.
Comprobó que las puertas estaban cerradas, entró en la habitación de cada uno de los niños, les apagó la luz y habló un poco con el hijo mayor que aun estaba estudiando.
Colgó una chaqueta y puso unas medias en la cesta de la ropa sucia.
Ya en el cuarto puso el despertador y preparó la ropa para el día siguiente,
después se lavó los dientes, se puso la crema y se quitó los pendientes.
En ese momento su marido apagó la tele se presentó en la habitación y dijo :
- Me voy a dormir.
Y así lo hizo sin ningún obstáculo.
¿Te suena conocido?....
martes, 31 de mayo de 2011
jueves, 26 de mayo de 2011
Tres ciegos
Los tres eran sabios y ciegos.
Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas.
Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían.
Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo venía un gran elefante, y era tan extraordinario el animal que la gente no hacía más que
hablar de él.
Los tres sabios quisieron también conocer al elefante, se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo y como el animal era muy manso no hubo ningún problema para que lo hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza, sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca.
Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contárselo a los otros dos; les dijo:
- El elefante es como un tronco cubierto a ambos lados como por dos mantas, y del cual salen dos lanzas finas y duras.
Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio ciego sus manos tocaron el animal en la panza. Trató de rodear su cuerpo, pero éste era tan grande que no podía rodearlo ni con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar decidió también contárselo a los otros dos, y les dijo:
- Este animal es tan grande que parece una montaña y tan blandito y tan suave como la piel de cualquier humano, tiene cuatro gruesas patas y está forrado de cuero con pelo para afuera.
Después fue el tercer sabio y agarró al animal justo por la cola, se colgó de ella y comenzó a balancearse, como hacen lo chicos con una soga y los dos, elefante y ciego se divirtieron un largo rato.
- Yo se muy bien lo que es un elefante, decía, es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta y sirve para amacarse y columpiarse.
Los tres hablaban de lo mismo pero lo que decía cada uno parecía imposible de concordar. Los tres estaban seguros de lo que conocían, más lo cierto es que sólo había un elefante.
No se ponían de acuerdo así que decidieron hacerse ayudar llamando a otro sabio que sí había visto al elefante con sus propios ojos y entonces descubrieron
que conocían del animal solamente la parte que habían tocado, no conocían al elefante entero. Cada uno tenía razón, pero sólo una parte de razón.
Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas.
Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían.
Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo venía un gran elefante, y era tan extraordinario el animal que la gente no hacía más que
hablar de él.
Los tres sabios quisieron también conocer al elefante, se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo y como el animal era muy manso no hubo ningún problema para que lo hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza, sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca.
Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contárselo a los otros dos; les dijo:
- El elefante es como un tronco cubierto a ambos lados como por dos mantas, y del cual salen dos lanzas finas y duras.
Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio ciego sus manos tocaron el animal en la panza. Trató de rodear su cuerpo, pero éste era tan grande que no podía rodearlo ni con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar decidió también contárselo a los otros dos, y les dijo:
- Este animal es tan grande que parece una montaña y tan blandito y tan suave como la piel de cualquier humano, tiene cuatro gruesas patas y está forrado de cuero con pelo para afuera.
Después fue el tercer sabio y agarró al animal justo por la cola, se colgó de ella y comenzó a balancearse, como hacen lo chicos con una soga y los dos, elefante y ciego se divirtieron un largo rato.
- Yo se muy bien lo que es un elefante, decía, es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta y sirve para amacarse y columpiarse.
Los tres hablaban de lo mismo pero lo que decía cada uno parecía imposible de concordar. Los tres estaban seguros de lo que conocían, más lo cierto es que sólo había un elefante.
No se ponían de acuerdo así que decidieron hacerse ayudar llamando a otro sabio que sí había visto al elefante con sus propios ojos y entonces descubrieron
que conocían del animal solamente la parte que habían tocado, no conocían al elefante entero. Cada uno tenía razón, pero sólo una parte de razón.
sábado, 21 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
Perla 51
miércoles, 11 de mayo de 2011
viernes, 6 de mayo de 2011
Tarta helada
En aquella familia eran tres hermanos.
Al mayor de ellos le invitó un amigo a un trozo de tarta helada de chocolate.
Cuando entró en casa y se disponía a comérsela, recordó cuánto le gustaba el helado de chocolate a su hermano pequeño, le buscó, fue donde el y se la regaló, generosamente lo que el muchacho agradeció en verdad.
Ya iba a zampársela, cuando cayó en la cuenta de que su hermana, la más pequeña, adoraba también las tartas heladas de chocolate.
Después de encontrarla se la ofreció y ella, dándole las gracias, sonrió y la cogió entre sus manos para tomársela enseguida. Cuando ya se disponía a meterle la
cuchara vio a su madre atareada, como siempre en las tareas de casa y pensó que esa tarta helada bien podía aliviar tanto trabajo, así que llegándose donde su madre se la entregó.
La madre paró un momento sus quehaceres para saborear aquello, en ese momento miró el reloj de la cocina, pronto llegaría su marido, cansado del trabajo, agobiado por el intenso calor de la mañana, y decidió meterlo en el congelador hasta que él llegara.
Cuando apareció el marido en casa, su esposa le presentó la rica tarta helada.
El lo agradeció sinceramente, se sentó en su sillón favorito y con gran satisfacción se la tomó enterita. ¡Qué rica estaba!.
Después del sabroso refrigerio, se levantó de su sillón y bajó a la calle, entró en el supermercado más cercano y compró una gran tarta helada de chocolate
para que todos pudieran disfrutarla en familia, y después de comer....
¡Sorpresa!, papá invitó a todos a tomar una riquísima tarta helada de chocolate.
Y es que cuando se comparte, todos salen ganando.
domingo, 1 de mayo de 2011
Perla 49
AMAR
ES QUERER QUE EL OTRO FLOREZCA,
ACOMPAÑARLO EN SU CARRERA,
AYUDARLO
martes, 26 de abril de 2011
Los cofres
Un sabio vivía cerca de dos reinos vecinos, cuyos reyes a menudo le venían a importunar para que les diera a conocer el secreto de la felicidad.
Veían que el sabio tenía algo que le hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida, y que por eso se consideraba el hombre más feliz del mundo.
Dichos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero y hasta intentaron robarle para obtener el cofre donde se suponía tenía guardada la felicidad.
Pero todo fue en vano. Cuanto más lo intentaban más infelices eran, pues la envidia no les dejaba vivir.
Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz.
Un día llegó ante el un joven que le suplicó:
- Señor, al igual que tu, también yo quiero ser inmensamente feliz, enséñame, por favor, qué debo hacer para conseguirlo.
El sabio, al ver la sencillez, la humildad y la pureza del joven, le dijo:
- A ti te enseñaré el secreto, presta atención, en realidad tengo dos cofres en los que guardo el secreto para ser feliz, y estos son mi mente y mi corazón, el secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida.
Primer paso:
Autoestima. Debes quererte a ti mismo, y todos los días, al levantarte y al acostarte, debes afirmar: soy capaz, no hay obstáculo que no pueda vencer.
Segundo paso:
Debes poner en practica la autoestima, si piensas que eres capaz, haz lo que te propones, procurando poner metas en tu vida, hasta lograr lo que quieres. Este paso se llama motivación.
Tercer paso:
No debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es. Ellos alcanzaron ya su meta, logra tu las tuyas.
Cuarto paso:
No albergues en tu corazón rencor hacia nadie, ese sentimiento no te dejará ser feliz. Tu perdona y olvida.
Quinto paso:
Levántate siempre con una sonrisa, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno. Piensa en lo afortunado que eres teniendo todo lo que tienes.
Sexto paso:
Ayuda a los demás sin pensar que vas a recibir nada a cambio. Mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades.
Veían que el sabio tenía algo que le hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida, y que por eso se consideraba el hombre más feliz del mundo.
Dichos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero y hasta intentaron robarle para obtener el cofre donde se suponía tenía guardada la felicidad.
Pero todo fue en vano. Cuanto más lo intentaban más infelices eran, pues la envidia no les dejaba vivir.
Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz.
Un día llegó ante el un joven que le suplicó:
- Señor, al igual que tu, también yo quiero ser inmensamente feliz, enséñame, por favor, qué debo hacer para conseguirlo.
El sabio, al ver la sencillez, la humildad y la pureza del joven, le dijo:
- A ti te enseñaré el secreto, presta atención, en realidad tengo dos cofres en los que guardo el secreto para ser feliz, y estos son mi mente y mi corazón, el secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida.
Primer paso:
Autoestima. Debes quererte a ti mismo, y todos los días, al levantarte y al acostarte, debes afirmar: soy capaz, no hay obstáculo que no pueda vencer.
Segundo paso:
Debes poner en practica la autoestima, si piensas que eres capaz, haz lo que te propones, procurando poner metas en tu vida, hasta lograr lo que quieres. Este paso se llama motivación.
Tercer paso:
No debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es. Ellos alcanzaron ya su meta, logra tu las tuyas.
Cuarto paso:
No albergues en tu corazón rencor hacia nadie, ese sentimiento no te dejará ser feliz. Tu perdona y olvida.
Quinto paso:
Levántate siempre con una sonrisa, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno. Piensa en lo afortunado que eres teniendo todo lo que tienes.
Sexto paso:
Ayuda a los demás sin pensar que vas a recibir nada a cambio. Mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades.
jueves, 21 de abril de 2011
Perla 48
sábado, 16 de abril de 2011
El letrero
Un ciego sentado en una esquina de la calle tenía a su lado un letrero que decía:
" Por favor ayúdeme, soy ciego".
Un creativo publicista se detuvo ante el, leyó el letrero y observó que sólo había unas monedas en la gorra.
Sin pedirle permiso, cogió la tabla, le dio la vuelta, escribió otra frase diferente, lo volvió a colocar en su sitio y se marchó.
Por la tarde el publicista volvió a pasar junto al ciego que seguía allí pidiendo limosna, pero ahora la diferencia era que su gorra estaba llena de billetes y de monedas.
El ciego reconoció los pasos y el aroma del hombre y le preguntó si había sido él quien había cogido su cartel por la mañana.
-¿Qué es lo que usted ha escrito o pintado en mi tabla?, desde entonces todo el que pasaba se conmovía y ponía dinero en mi gorra.
El publicista le contestó con satisfacción:
" Por favor ayúdeme, soy ciego".
Un creativo publicista se detuvo ante el, leyó el letrero y observó que sólo había unas monedas en la gorra.
Sin pedirle permiso, cogió la tabla, le dio la vuelta, escribió otra frase diferente, lo volvió a colocar en su sitio y se marchó.
Por la tarde el publicista volvió a pasar junto al ciego que seguía allí pidiendo limosna, pero ahora la diferencia era que su gorra estaba llena de billetes y de monedas.
El ciego reconoció los pasos y el aroma del hombre y le preguntó si había sido él quien había cogido su cartel por la mañana.
-¿Qué es lo que usted ha escrito o pintado en mi tabla?, desde entonces todo el que pasaba se conmovía y ponía dinero en mi gorra.
El publicista le contestó con satisfacción:
- Nada que no sea tan cierto como el mensaje anterior, aunque expresado con otras palabras.
Y sonriendo prosiguió su camino, pensando que así deberíamos hacer todos cuando no nos van bien las cosas, cambiar estrategia y dar la vuelta al pensamiento.
El ciego nunca lo supo, pero su nueva frase decía:
" Hoy es primavera y yo no puedo verla".
lunes, 11 de abril de 2011
Perla 47

ACEPTA
LO QUE DIOS
TE DA,
DA
LO QUE DIOS
TE PIDE,
RECUERDAQUE DIOS
ESTA
A TU SERVICIO,
NO
A TU
CAPRICHO.
miércoles, 6 de abril de 2011
Cruz pesada
Aquel peregrino estaba cansado de caminar con su cruz de madera pintada de marrón, era demasiado pesada, demasiado grande; tenía doloridos los hombros y agarrotadas las manos; sus piernas ya no le respondían, se sentía agobiado.
Un amigo le propuso visitar la chatarrería de cruces, allí había de todo tipo y la podía cambiar.
- Esto es estupendo, ahora sí podré elegir la mejor.
Y dejando su cruz pintada de gris en un rincón, se lanzó a la búsqueda de su cruz perfecta.
-Después de un rato la encontró, y con ella al hombro
caminó alegre durante un tiempo, pero... no estaba limada y tenía salientes a lo largo de toda la madera,
pronto empezó a sentir dolor en el hombro.
La tiró y enseguida encontró otra que le pareció mejor, tenía el peso exacto para llevarse con facilidad, pero sin embargo, tenía los brazos muy cortos y se le caía cada dos por tres.
La tiró también y a los pocos metros por fin encontró la idónea, era muy fina y ligera, sin embargo era extremadamente larga, cada vez que daba una vuelta se tropezaba y se caía.
La tiró también.
Encontró después otras que en un primer momento parecían buenas,
pero al poco resultaban insoportables.
Pasaba el día y seguía sin encontrar una cruz para el.
Ya la noche era cerrada, cuando de pronto, y al punto de desesperarse,
entre las sombras, encontró una que, en principio, parecía incomoda pero enseguida resultó ser la que mejor se le adaptaba.
¡ Qué bien caminaba con ella !.
Cuando por fin llegó a su casa ya era el amanecer. Dejó la cruz a un lado para abrir la puerta, y al dar la luz descubrió con gran asombro que la cruz elegida era ni más, ni menos que su propia cruz de madera pintada de marrón.
La que toda su vida había despreciado y criticado.
viernes, 1 de abril de 2011
Perla 46
domingo, 27 de marzo de 2011
La experiencia
A los 5 años aprendí
que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.
A los 10 aprendí
que la profesora sólo me preguntaba cuando no sabía la respuesta.
A los 15 años aprendí
que cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería,
mi madre me mandaba ordenarlo.
A lo 20 aprendí
que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
A los 25 años aprendí
que nunca debía elogiar la comida de mi madre
cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.
A los 30 aprendí
que el titulo obtenido no era la meta señalada.
A los 35 años aprendí
que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos,
pasábamos casi todo el tiempo hablando de ellos.
A los 40 aprendí
que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 45 años aprendí
que cuando estoy viajando, quisiera estar en casa,
y que cuando estoy en casa, me gustaría estar viajando.
A los 50 aprendí
Que puedes saber que tu esposa te ama
cuando quedan dos croquetas y elige la menor.
A los 55 años aprendí
que no puedo cambiar lo que pasó
pero que puedo dejarlo atrás.
A los 60 años aprendí
que niños y abuelos son aliados naturales.
A los 65 aprendí
que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida,
esperaste demasiado tiempo.
A los 70 años aprendí
que la mayoría de las cosas por las que me he preocupado
nunca suceden.
A los 75 aprendí
que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
Hoy a los 80 años me doy cuenta
de que tengo muchas cosas que aprender.
que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.
A los 10 aprendí
que la profesora sólo me preguntaba cuando no sabía la respuesta.
A los 15 años aprendí
que cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería,
mi madre me mandaba ordenarlo.
A lo 20 aprendí
que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
A los 25 años aprendí
que nunca debía elogiar la comida de mi madre
cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.
A los 30 aprendí
que el titulo obtenido no era la meta señalada.A los 35 años aprendí
que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos,
pasábamos casi todo el tiempo hablando de ellos.
A los 40 aprendí
que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 45 años aprendí
que cuando estoy viajando, quisiera estar en casa,
y que cuando estoy en casa, me gustaría estar viajando.
A los 50 aprendí
Que puedes saber que tu esposa te ama
cuando quedan dos croquetas y elige la menor.
A los 55 años aprendí
que no puedo cambiar lo que pasó
pero que puedo dejarlo atrás.
A los 60 años aprendí
que niños y abuelos son aliados naturales.
A los 65 aprendí
que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida,
esperaste demasiado tiempo.
A los 70 años aprendí
que la mayoría de las cosas por las que me he preocupado
nunca suceden.
A los 75 aprendí
que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
Hoy a los 80 años me doy cuenta
de que tengo muchas cosas que aprender.
martes, 22 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
La suerte
- ¡Qué mala suerte!, nunca saldrán de la pobreza.
A lo que el padre respondía:
- Mala suerte, buena suerte. ¿Quién sabe?.
Un día, paseando los dos, vieron un caballo abandonado en un campo, y como nadie lo reclamó, se quedaron con él.
Esto cambió su suerte, el caballo les iba a sacar de la pobreza.
- ¡Qué buena suerte!, se alegraban los aldeanos.
- Buena suerte, mala suerte. ¿Quién sabe?. seguía diciendo el padre.
Al poco tiempo el caballo desapareció, y nadie sabía donde fue.
- ¡Qué mala suerte!, todos se lamentaban.
- Mala suerte, buena suerte. ¿Quién sabe?. continuaba el anciano.
Semanas más tarde apareció el caballo con una hermosa yegua salvaje y los dos se quedaron en el establo de la casa.
- Buena suerte, mala suerte. ¿Quién sabe?. volvía el padre con sus antiguos razonamientos.
El hijo quiso domesticar a la yegua, pero cayó por el suelo y quedó sin poder moverse por un tiempo.
- ¡Qué mala suerte!, los vecinos no salían de su asombro.
- Mala suerte, buena suerte. ¿Quién sabe?. El padre no cambiaba de manera de pensar.
Por entonces el país aquel entró en guerra pero el joven no pudo ir por estar impedido por la caída de la yegua.
- ¡Qué buena suerte!, todos sus amigos se congratulaban con él.
- Buena suerte, mala suerte. ¿Quién sabe?. Las dos van juntas en la vida, aseguró el padre; se confunden en el camino, y nos confunden, y es que nunca sabremos exactamente si lo que nos pasa es bueno o malo, por muy claro que lo veamos.
El anciano sí que lo tenía verdaderamente claro.
sábado, 12 de marzo de 2011
Perla 44
lunes, 7 de marzo de 2011
De pobre a pobre
Estaba Dios sentado en su trono y decidió bajar a la tierra en forma de mendigo,
pobre y harapiento.Llegó entonces el Señor a la casa de un zapatero y mantuvieron esta conversación:
- Mira que soy tan pobre que no tengo ni siquiera otras sandalias, como ves las que llevo están rotas, inservibles. ¿Podrías tu repararlas por favor?, mira que no tengo dinero.
El zapatero le respondió:
- ¿Acaso no ves ni pobreza?, estoy lleno de deudas y aún así me pides que repare gratis tus sandalias.
- Te puedo dar lo que quieras si me las arreglas, le dijo Dios.
Y el zapatero con mucha desconfianza repuso:
- ¿Me puedes dar tu el millón de monedas que necesito para ser feliz?.
- Te puedo dar cien millones de monedas de oro, pero a cambio me tienes que dar tus pies.
-¿De qué me sirven cien millones sino tengo pies.
El Señor volvió a proponerle;
- Te puedo dar quinientos millones de monedas de oro si me das tus brazos.
- no puedo hacer nada con quinientos millones de monedas si no tengo brazos.
- Y dime, respondió el zapatero, ¿Qué podría hacer yo con tanto dinero si no podría ver el mundo, ni a mis hijos, ni a mi esposa, para compartir con ellos.
Dios sonrió y le dijo:
- ¡Ay, hijo mío!, ¿cómo dices que eres pobre, si te he ofrecido ya mil millones de monedas de oro y no las has cambiado por las partes sanas de tu cuerpo?. Eres tan rico.... y no te has dado cuenta.
miércoles, 2 de marzo de 2011
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