¿QUÉ TENDRÁ LO PEQUEÑO QUE A DIOS TANTO LE AGRADA?. GOTITAS FORMAN LOS MARES CON SUS PAISAJES DE PLATA; PUNTITOS LLENAN EL CIELO EN UNA NOCHE ESTRELLADA; DE UNOS GRANITOS DE TRIGO SE HACE UN DIOS EN LA HOSTIA SANTA. GOTITAS, PUNTITOS, GRANITOS. ¿QUÉ HAY MÁS PEQUEÑO? : NADA. Y ¿QUÉ MÁS GRANDE Y SUBLIME QUE EL MAR CON SUS OLAS BRAVAS, EL CIELO CON SUS MISTERIOS, Y DIOS A QUIEN NADIE ALCANZA?. ¿QUÉ TENDRÁ LO PEQUEÑO QUE A DIOS TANTO LE AGRADA?. ¿QUE TENDRÁ UNA SONRISA, UNA ATENCIÓN PRODIGADA CON ALGO MÁS DE DULZURA, UNA SENCILLA PALABRA.... LEVANTARSE EN EL MOMENTO EN QUE UNA COSA SE MANDA, DISIMULAR UN DESCUIDO, SORBER QUIZÁS UNA LÁGRIMA, NO LEVANTAR HOY LOS OJOS, GUARDAR SILENCIO MAÑANA, DECIR UN "SÍ" QUE ME CUESTA, VENCER UNA REPUGNANCIA. ¿QUÉ TENDRÁ LO PEQUEÑO QUE A DIOS TANTO LE AGRADA?. ¿QUÉ TENDRÁN ESOS "PUNTITOS", ESOS "GRANITOS", ESAS MIL "GOTITAS" DE AGUA; QUE HAN FORMADO TANTOS HÉROES, TANTOS SANTOS, TANTAS SANTAS?. ¿ESOS "MARES" DE VIRTUDES, ESOS "CIELOS" DE GRACIA, ESOS "GRANITOS" EN QUE DIOS SU IMAGEN MISMA RETRATA?. ¿QUÉ TENDRÁ LO PEQUEÑO QUE A DIOS TANTO LE AGRADA?.
Erase una vez dos patos que se hicieron amigos de una tortuga muy charlatana. Un día, cuando el verano tocaba a su fin, los ánades hablaban de lo agradable que era su casa en invierno, y antes de que la tortuga empezase uno de sus interminables monólogos, le preguntaron si quería ir con ellos. - Ya me gustaría, pero no tengo alas para volar, como vosotros, respondió su nueva amiga. - Eso no es problema, repusieron, si quieres podemos llevarte. Sólo te ponemos una condición: que estés callada durante todo el viaje. ¿Podrás hacerlo?. - ¡Claro que puedo!, dijo la tortuga muy molesta. Entonces hicieron que la tortuga agarrara fuertemente con sus dientes el centro de un palo, mientras cada uno de ellos sostenía un extremo con sus picos. Y así, los tres alzaron el vuelo. El extraño espectáculo llamó la atención de mucha gente, que al verlos pasar, les gritaban sin parar. Aquello fue demasiado para la tortuga que exclamó - Si mis amigos desean llevarme, ¿qué os importa?.
No pudo decir más, porque al abrir la boca para hablar se soltó del palo y cayó en picado. Y es que la charlatanería nos puede un buen disgusto.
Para cuando Dios estaba creando a la mujer, un ángel se le acercó y le preguntó: - ¿Porqué pones tanto empeño en esta creación? El Señor le dijo: -¿Has visto mi hoja de especificaciones para ella?, ¡tiene muchas particularidades!, la estoy haciendo suave y fuerte a la vez, hermosa por fuera y llena de virtudes por dentro, además en su regazo puede acomodar a cuatro niños al mismo tiempo, su beso puede curar desde una rodilla hasta un corazón roto, ¡no tienes idea de lo que puede aguantar y lograr!, ¡ah, y lo hará todo con sólo dos manos!. El ángel se maravilló de los requisitos, y exclamó: -¡Oh!, solamente con dos manos, ¡parece imposible!. El ángel se acercó más y tocó al modelo estándar de la mujer y volvió a preguntar: -Y así de blandita....¿Será capaz de pensar?. Dios sonrió: -No sólo de pensar, sino de razonar y negociar, La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres (prosiguió el Señor) Sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están felices, y ríen cuando están nerviosas, luchan por lo que creen, se enfrentan a la injusticia, son fuertes cuando ya no hay fuerzas, aguantan las dificultades, se privan para que su familia pueda comer, no aceptan un "no" por respuesta cuando creen que hay una solución mejor, y por encima de todo viven con alegría y dan esperanza y optimismo. Todo este relato impresionó profundamente al ángel, que al punto exclamó: -¡La mujer es verdaderamente una maravilla! El Señor suspiró y dijo: -Sin embargo, hay un defecto en la mujer..... y es que se olvidan de cuánto valen....
Ya no le gustaba la casa donde vivía, estaba cansado de ella, le parecía pequeña, algo antigua y no se cuantas cosas más; definitivamente quería cambiarse a otra vivienda diferente. Contactó con un viejo amigo, escritor, y le pidió que le redactase un anuncio para publicarlo en el periódico del municipio y poder así venderla más fácilmente. El amigo pocos días después le envió una carta con dicho anuncio, para la publicación de la venta de la casa. La carta decía lo que sigue: " Se vende casa cerca de un terreno de frondosos pinares; a pocos metros baja un cristalino río, entre una exuberante arboleda y, no muy lejos, se levantan imponentes montañas cargadas de nieve durante el invierno. La casa dispone de habitaciones soleadas y acogedoras y un coqueto jardín en su parte posterior, donde poder disfrutar de maravillosas puestas de sol". Pasado un tiempo, el escritor encontró a su amigo y le preguntó si ya había vendido aquella casa. - ¡ Estás loco !, le respondió el dueño, ¡ ni en sueños vendo yo esa casa tan linda!.
Caminaba el peregrino con su cruz a cuestas por el camino, cuando se le apareció un extraño señor, que le dijo: - ¿ Qué haces con semejante cruz encima?. ¡No tiene sentido!; al menos, córtale un poco los extremos, así la carga será más ligera. El hombre, luego de pensarlo, creyó que era una buena idea para evitar tanto esfuerzo, así que limó los extremos de la cruz y siguió caminando. A los pocos metros, el personaje se hizo presente de nuevo: - Pero.....¿Qué te dije, amigo?. ¡No la has achicado casi nada!. ¡Córtale las puntas un poco más!. Estas arrastrando una cruz demasiado pesada, no seas tonto. Y el peregrino, otra vez, cortó un poco más los extremos de su cruz, sintiéndose ahora un poco más aliviado. Y continuó su camino. Ya el tamaño de aquella cruz había disminuido notablemente, pero por tercera vez el individuo se le volvió a presentar: - ¡No nos va mal ahora!, ¡pero podías ir mejor si cortas un poco más los palos!. El peregrino volvió a dejarse convencer, y cuando hubo terminado los cortes, arriba y abajo, a un lado y a otro; la cruz era tan manejable que podía llevarla con una sola mano. Según caminaba, el hombre divisó a lo lejos una radiante luz blanca, Dios salió muy contento a su encuentro y con gran alegría le recibió: - ¡Bienvenido, hijo mío, bienvenido al Paraíso. El hombre un poco inquieto le preguntó: - Pero Dios, ¿dónde está la puerta, que no la veo?. Y el Señor apuntando con su dedo índice hacia arriba, señaló una puerta en lo alto y le dijo: - Es aquella que está allí, en las alturas, ¿la ves?, y para entrar sólo tienes que abrirla. Evidentemente abrirla no era el inconveniente, pero sí lo era el alcanzarla. - Para ello tienes la cruz, debes apoyarla sobre la pared y subir. Esa cruz que has llevado toda tu vida tiene la medida exacta para llegar a la puerta del Cielo, de otra manera es imposible. - Pero Señor.... mi cruz ya no tiene ese tamaño....durante todo mi camino alguien trato de convencerme de que yo mismo hiciera mi carga más ligera.... y me dejé aconsejar.
A un grupo de niños de una escuela de primaria se le pidió que escribieran lo que para ellos eran las siete maravillas del mundo. A pesar de que hubo ciertas diferencias entre ellos, estas fueron las que más votos recibieron:
Primera: Las Pirámides, en Egipto. Segunda: El Taj Majal, en la India. Tercera: El Gran Cañón del Colorado, en Norte América. Cuarta: Machu Pichu, en Perú. Quinta: La alambra de Granada, en España. Sexta: La Basílica del Vaticano, en Italia. Séptima: La Gran Muralla, en China. Mientras contaba los votos, la maestra notó que había una niña que no había terminado de escribir sus sugerencias, así que le preguntó si estaba teniendo problemas con su lista. La niña respondió: - Sí, un poquito. No puedo terminar de decidirme porque hay muchas. La maestra, entonces, le dijo: - Bueno, pues entonces léenos lo que tienes hasta ahora y a lo mejor te podemos ayudar. La joven alumna lo pensó un instante pero luego empezó a leer: - Yo pienso que las siete maravillas del mundo son: Primera: Poder Ver. Segunda: Poder Oír. Tercera: Poder Tocar. Cuarta: Poder Probar. Quinta: Poder Sentir. Sexta: Poder Reír. Séptima: Poder Amar. El aula se silenció a tal punto, que si se hubiese caído un alfiler se habría escuchado. Las cosas simples y ordinarias, que nosotros tomamos como triviales, son sencillamente maravillosas. Las cosas más preciadas de la vida no se construyen con la mano, ni se pueden comprar con dinero.
Un rotativo matinal londinense lanzó una pregunta en una de sus páginas interiores, para que sus lectores se lanzaran a responder según sus observaciones, o según sus puntos de vista con respecto al tema en cuestión. La pregunta de dicho periódico era la siguiente: "Según usted, ¿qué esta mal en el mundo?". Muchos de los lectores escribieron contestando al respecto con multitud de aspectos de lo que cada uno creía, según sus distintos criterios. Y a juzgar por la variedad de respuestas recibidas, había infinidad de cosas que estaban mal en el mundo. Cosas que iban desde lo humano hasta la divino, pasando por toda clase de problemas materiales, físicos, morales y espirituales. Entre otros estaba la enfermedad, el dolor, la muerte; también la soledad, la incomprensión, el rechazo, la falta de cultura y de valores, la riqueza mal repartida. Aparecieron temas como el maltrato humano y a animales, los problemas medioambientales, o las sacudidas de la naturaleza. Y cómo no la guerra, la pobreza, el odio, la envidia, la mentira, la lucha de poder, las injusticias y toda clase de adiciones. Y muchas, muchas cosas más. Finalmente Chestertón quiso también responder a esta gran pregunta y envió una nota al periódico con su personal visión sobre el asunto. Su escrito fue muy sobrio y muy escueto, nada de retóricas, ni largos soliloquios. Chesterton escribió lo que sinceramente él creía que estaba mal en el mundo. Su notita sencilla y humildemente ponía: " yo " .