NO HAY TRISTEZA
jueves, 23 de febrero de 2017
Perla 294
jueves, 16 de febrero de 2017
jueves, 9 de febrero de 2017
El brillo lejano
Nos dirigíamos hacia las montañas nevadas, cuando en nuestro caminar divisamos a lo lejos un brillo sorprendente, por lo cual decidimos apartamos de nuestro rumbo y encaminarnos hacia ese sitio, para satisfacer nuestra curiosidad y ver de qué se trataba.
Después de un largo trecho recorrido, llegamos al punto brillante que nos tenía intrigados, y descubrimos allí mismo que dicho brillo no era más que una botella de cerveza vacía, dejada por alguien en el suelo, que simplemente reflejaba el brillo del sol.
Ya habíamos desperdiciado la mañana entera por culpa de la infructuosa caminata y decidimos dejar la subida a las montañas para otro día.
Según regresábamos a casa, yo me iba preguntando:
¿cuántas veces desperdiciamos cosas realmente importantes corriendo tras brillos efímeros, sin importancia?.
Pero al mismo tiempo también pensaba:
¿cómo saber que son brillos sin importancia si no nos llegamos donde están y los miramos de cerca?
jueves, 2 de febrero de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
Perla 291
jueves, 19 de enero de 2017
Podemos comprar
Podemos comprar ropa, joyas, zapatos,pero no podemos comprar la belleza.
Podemos comprar una casa,
pero no podemos comprar un hogar.
Podemos comprar medicinas,
pero no podemos comprar la salud.
Podemos comprar lujos,
pero no podemos comprar alegría.
Podemos comprar diversiones,
pero no podemos comprar felicidad.
Podemos comprar un crucifijo,
pero no podemos comprar un Salvador.
Podemos comprar una Iglesia,
pero no podemos comprar el Cielo.
jueves, 12 de enero de 2017
jueves, 5 de enero de 2017
jueves, 29 de diciembre de 2016
El abrazo de Dios
Transcurrían las Fiestas Navideñas.
Éramos la única pareja con niños que cenaba en aquel restaurante.
Yo senté a mi pequeño Eric en una sillita alta y percibí que todo era tranquilo y amigable.
De repente Eric gritó y golpeó con su pequeña manita la bandeja.
Miramos alrededor y vimos la causa de su alegría. Se trataba de un hombre desaliñado, con un pantalón raído y la camisa sucia; los dedos de sus pies asomaban fuera del calzado, llevaba un largo bigote y su pelo y su barba estaban descuidados.
Estábamos lejos para percibir su olor, pero seguro que no era bueno.
El hombre agitó las manos y se dirigió hacia nosotros diciendo:
- ¡Hola bebé!. ¡Hola muchachote!.
Mi marido y yo intercambiamos miradas. ¿Qué podíamos hacer?....
Eric continuaba riendo y dando muestras de contento.
Todo el mundo en el restaurante se dio cuenta y miraba la escena.
El viejo estaba creando una situación embarazosa con mi lindo bebé.
Nuestra cena llegó y el hombre empezó a gritar
- ¡Ya llegó el pastelito mamoncete!.¡Qué rico pastelito!.
Nadie pensaba que el anciano estuviese normal, era obvio que estaba borracho.
Finalmente acabamos la comida. Mi marido fue a pagar y me dijo que lo esperase en el aparcamiento.
Al pasar cerca del anciano me volví de espaldas, tratando de evitar toda contaminación. Al punto, Eric, a quien llevaba en brazos, echó hacia el sus bracitos, sin que yo pudiera evitarlo,y se lanzó en los del mendigo, fundiéndose los dos en un solo abrazo.
Eric, en un gesto de amor, puso su cabecita confiada en el hombro del anciano.
Yo vi lágrimas bajo los ojos cerrados del hombre.
Sus manos sucias y endurecidas acunaron dulcemente al bebé, y lo acariciaron; luego, como pesaroso de desprenderse de él, me lo entregó, y con la voz ronca de emoción, me dijo:
- Cuídelo bien.
- Lo haré, murmuré como si tuviera piedras en la garganta.
Un gran dolor se reflejaba en su rostro al tener que dejarlo, y entonces añadió emocionado:
- Dios la bendiga, señora. Yo ya he recibido mi regalo de Navidad.
A penas murmuré algo y corrí al aparcamiento. Mi marido quería saber porqué yo lloraba mientras susurraba:
- Perdón, Señor, perdón.
Mi hijo acababa de darnos un ejemplo de amor. En su inocencia no reparó en el hombre, ni hizo juicios, sólo vio su alma.
Yo me sentí interpelada por Dios:
- ¿Tan difícil era para ti compartir tu hijo un momento, siendo así que Yo he compartido el mío con toda la humanidad?....
Mi hijo me recordó que para entrar en el Reino de los Cielos hay que hacerse también niño.
Éramos la única pareja con niños que cenaba en aquel restaurante.
Yo senté a mi pequeño Eric en una sillita alta y percibí que todo era tranquilo y amigable.
De repente Eric gritó y golpeó con su pequeña manita la bandeja.
Miramos alrededor y vimos la causa de su alegría. Se trataba de un hombre desaliñado, con un pantalón raído y la camisa sucia; los dedos de sus pies asomaban fuera del calzado, llevaba un largo bigote y su pelo y su barba estaban descuidados.
Estábamos lejos para percibir su olor, pero seguro que no era bueno.
El hombre agitó las manos y se dirigió hacia nosotros diciendo:
- ¡Hola bebé!. ¡Hola muchachote!.
Mi marido y yo intercambiamos miradas. ¿Qué podíamos hacer?....
Eric continuaba riendo y dando muestras de contento.
Todo el mundo en el restaurante se dio cuenta y miraba la escena.
El viejo estaba creando una situación embarazosa con mi lindo bebé.
Nuestra cena llegó y el hombre empezó a gritar
- ¡Ya llegó el pastelito mamoncete!.¡Qué rico pastelito!.
Nadie pensaba que el anciano estuviese normal, era obvio que estaba borracho.
Finalmente acabamos la comida. Mi marido fue a pagar y me dijo que lo esperase en el aparcamiento.
Al pasar cerca del anciano me volví de espaldas, tratando de evitar toda contaminación. Al punto, Eric, a quien llevaba en brazos, echó hacia el sus bracitos, sin que yo pudiera evitarlo,y se lanzó en los del mendigo, fundiéndose los dos en un solo abrazo.
Eric, en un gesto de amor, puso su cabecita confiada en el hombro del anciano.
Yo vi lágrimas bajo los ojos cerrados del hombre.
Sus manos sucias y endurecidas acunaron dulcemente al bebé, y lo acariciaron; luego, como pesaroso de desprenderse de él, me lo entregó, y con la voz ronca de emoción, me dijo:
- Cuídelo bien.
- Lo haré, murmuré como si tuviera piedras en la garganta.
Un gran dolor se reflejaba en su rostro al tener que dejarlo, y entonces añadió emocionado:
- Dios la bendiga, señora. Yo ya he recibido mi regalo de Navidad.
A penas murmuré algo y corrí al aparcamiento. Mi marido quería saber porqué yo lloraba mientras susurraba:
- Perdón, Señor, perdón.
Mi hijo acababa de darnos un ejemplo de amor. En su inocencia no reparó en el hombre, ni hizo juicios, sólo vio su alma.
Yo me sentí interpelada por Dios:
- ¿Tan difícil era para ti compartir tu hijo un momento, siendo así que Yo he compartido el mío con toda la humanidad?....
Mi hijo me recordó que para entrar en el Reino de los Cielos hay que hacerse también niño.
jueves, 22 de diciembre de 2016
jueves, 15 de diciembre de 2016
jueves, 8 de diciembre de 2016
jueves, 1 de diciembre de 2016
jueves, 24 de noviembre de 2016
jueves, 17 de noviembre de 2016
Las galletas
Cuando la señora llegó a la estación, le informaron de que su tren se retrasaría; por ello se compró una revista, una botella de agua y un paquete de galletas. Buscó un banco en el andén y se sentó a esperar.Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado con un periódico y, sin decir palabra, abrió el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer.
La señora se molestó,
así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.
Como repuesta, el joven tomó otra galleta y se la comió mirando sonriente a la señora.
Ya enojada, ella cogió otra galleta y con señales de fastidio se la comió.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada y el joven cada vez más sonriente.
Finalmente, cuando ya sólo quedaba una galleta, ella pensó: "No será tan caradura....". Con calma, el joven alargó la mano, tomó la galleta, la partió en dos y le ofreció la mitad a ella con un gesto amable.
- ¡Gracias!. Dijo ella, tomando con rudeza el trozo.
- De nada. Contestó el joven, mientras comía la mitad.
El tren, entonces, anunció su llegada, la señora se levantó furiosa y subiendo a su vagón pensó: ¡qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!.
De pronto sintió la boca reseca por el disgusto, abrió el bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando descubrió que allí estaba su paquete de galletas, intacto.
jueves, 10 de noviembre de 2016
jueves, 3 de noviembre de 2016
jueves, 27 de octubre de 2016
La corresponsal
A la corresponsal le fue admitida la propuesta
de hacer una entrevista al gran rabino.
Ella escogió con sumo cuidado las preguntas que le haría.Lo preparó todo y se encaminó a su encuentro.
Al entrar, vio que en casa del entrevistado no había nada, no había muebles, ni cuadros, ni alfombras, nada superfluo, solamente lo mínimo
imprescindible.
Todas las preguntas que había preparado se habían esfumado de su mente.
En su lugar otra nueva pregunta surgió:
- ¿Cómo es que usted no tiene nada en su casa?. ¿Dónde están sus muebles?.
Preguntó desconcertada la periodista.
- ¿Cómo es que usted tampoco los tiene aquí?. Preguntó a su vez el rabino.
- Yo no los tengo aquí porque estoy de paso.
Dijo la corresponsal.
- Y yo también, sentenció el gran rabino.
jueves, 20 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
jueves, 6 de octubre de 2016
Decálogo del niño misionero
1- Un niño misionero mira a todos los demás con ojos de hermano.
2- Un niño misionero conoce a Jesús, quiere ser su amigo, y que todos los niños
del mundo sepan que es fenomenal.
3- Un niño misionero reza todos los días a su padre Dios por los niños de
todos los continentes.
4- Un niño misionero siempre da gracias a Dios por todo lo bueno que
ha hecho, y nunca se olvida de dar gracias por los misioneros.
5- Un niño misionero goza al poder compartir y que los demás puedan
también compartir con el.
6- Un niño misionero esta alegre por servir a los demás y así un día poder
ser misionero.
7- Un niño misionero sabe que él es más necesario para los demás que las
cosas materiales.
8- Un niño misionero es generoso aunque le cueste y le pide a Jesús que
le ayude en esa tarea.
9- Un niño misionero busca soluciones a los problemas, aunque tenga
que trabajar con esfuerzo y, como no, con ilusión.
10- Un niño misionero siempre quiere a los otros y también quiere a la Iglesia
y la lleva en su corazón.
jueves, 29 de septiembre de 2016
jueves, 22 de septiembre de 2016
Perla 279
jueves, 15 de septiembre de 2016
A través del bosque
Éramos varias personas las que caminábamos a través del bosque, aún así, la soledad y el silencio interior eran patentes, a pesar de que la gente charlaba animadamente unos con otros.
Todos pasaban a lo largo del bosque, ajenos a la dignidad y grandeza de los árboles con los cuales nos íbamos encontrando; nadie tenía relación alguna con ellos, por lo tanto, probablemente, esas personas tampoco tenían relación alguna entre ellas.
Pensé que la relación entre los árboles y el hombre debería ser completa, instantánea, una relación de gratitud y de amistad con cada árbol, con cada planta y con cada flor de la tierra, y por amplitud de ese sentimiento, el hombre debería ser también amigo de todos hombres.
Cuando los hombres son capaces de descubrir la sintonía y la armonía entre ellos y los árboles, surge la paz en medio de todo y de todos.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Perla 278
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