Así vivía la liebre en su lecho, con miedo, un miedo que no la dejaba ni dormir, cualquier ruido, una sombra, un soplo bastaba para inquietarla, y así ocurrió aquella mañana, un pequeño ruido fue la
señal para que el triste animal echase a correr.
Corriendo y más corriendo pasó junto a una charca, allí se montó la de Troya!, por todas partes ranas saltando al agua y escondiéndose en el fango.
Bueno es esto! exclamó la liebre, tan asustada como voy y mi presencia ha sembrado tanto pánico...
Cómo es que valgo tanto que hago temblar a tanta gente?, Seré un héroe?....
Noo, es que siempre en este mundo pasó lo mismo, a un cobarde le sigue otro mayor.
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