jueves, 5 de marzo de 2015

Una limosna

Yo pedía limosna a lo largo del camino,
en mi interior esperaba el milagro de que algún día cambiaría mi suerte.
y me quedé aguardando ayudas espontáneas, 
tesoros derramados por el polvo.
Mis esperanzas volaron hasta el Cielo,
pensé que mis días malos habían acabado
cuando la carroza se paró a mi lado.


Me miraste y bajaste sonriendo.
Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin.
Y de pronto me tendiste la mano diciendo:
- ¿Puedes darme alguna cosa?.
¡Ah, qué ocurrencia de tu realeza!. 
¡Pedirle a un mendigo!.
Yo estaba confuso, no sabía que hacer,
luego busqué, despacio, en mi alforja, saqué un granito de trigo y te lo ofrecí.
Pero qué sorpresa la mía, cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un grano de oro en la miseria del montón.
¡Qué amargamente lloré, por no haber tenido corazón para dártelo todo!.

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